Este Blog fue creado para servir de punto de encuentro entre todas las personas interesadas en aprender todo lo relacionado a la educación por competencias. A los creadores de la misma: Patricia Frola y José de Jesús Velásquez nos preocupa que esta reforma educativa corra la suerte de las anteriores que solamente tienen un tratamiento superficial y se quedan en simples simulaciones. Nuestro país merece otro rumbo, más firme, más certero.
domingo, 28 de abril de 2013
¿Realmente sabemos trabajar en equipo?
Las grandes trasformaciones que se están operando actualmente en el mundo no son producto de las mentes brillantes trabajando en el plano individual, son más bien logros del trabajo con otros. La labor que se lleva a cabo en equipo es un gran detonante del desarrollo de las organizaciones, sin embargo, pese a la aparente simpleza que parece tener, su realización no es simple, implica todo un proceso formativo que lleva muchos años para entender plenamente sus fundamentos y más aún, llevarlo y sostenerlo en el terreno práctico.
La escuela es, por su naturaleza, el lugar ideal para formar individuos que sepan trabajar en equipo, pues en ella confluyen los iguales que como tal tienen edades e intereses afines que, debidamente canalizados, pueden encaminarse a la consecución de retos impensables.
Actualmente, la educación en todos los niveles y modalidades está volviendo los ojos a la trascendencia de esta forma de trabajo; las reformas educativas actuales hacen especial énfasis en el desarrollo de las competencias para trabajar en equipo y de manera creativa. La dinámica de la vida actual exige este tipo de formación en los individuos ya que se está pasando del simple plano de la asimilación de conocimientos al de la movilización en situaciones concretas de lo que se ha aprendido.
El trabajo en equipo, el desarrollo de la creatividad y la actitud lúdica, se erigen pues, como tres grandes pilares de la sociedad moderna, por ello, el Centro de Investigación Educactiva y Capacitación Institucional (CIECI), ha diseñado una propuesta metodológica que pone en interacción los tres componentes citados, lo que da lugar a ACICATE: un método lúdico para el desarrollo de la creatividad en los equipos.
La metodología de ACICATE tiene como propósito crear un ambiente de aprendizaje propicio para hacer que la creatividad de los integrantes de los equipos de trabajo aflore sin inhibiciones ni cortapisas.
Este procedimiento ha sido probado en dos ámbitos distintos: el escolar y la capacitación del personal de organizaciones productivas y de servicio, en ambos casos los principios fueron los mismos, solamente cambiaron algunas consignas o contenidos para adecuarlos a las circunstancias y a los intereses de las personas involucradas.
El punto de partida de la propuesta metodológica ACICATE es la necesidad que existe en las organizaciones sociales de trabajar en equipo, en un ambiente de armonía y lograr además productos creativos.
Estas organizaciones han sido concebidas como sistemas con sentido de totalidad, en los que conviven una gran cantidad de personas cuyas funciones se interrelacionan en la búsqueda de metas comunes, llámese escuela, empresa de servicios, centro de producción, en todas se requiere trabajar sin tensiones innecesarias, coordinando el hacer de uno con los del resto del equipo, pues de esa manera se obtendrán mejores resultados.
Si quieres saber más del tema, te invitamos a que nos acompañes en el curso 'El ABC del trabajo en equipo', y que conozcas la pagina del CIECI.
Además, puedes conocer nuestra oferta editorial, en donde encontrarás además de las respuestas y el paso a paso de cómo aplicar la metodología ACICATE en el libro 'Creatividad en los equipos', otras temáticas referentes a la aplicación, metodología y desarrollo del sistema de competencias en el aula. Todo ello en la página de nuestra línea editorial 'FROVEL educación'.
jueves, 3 de mayo de 2012
Los problemas de conducta en el aula
LOS PROBLEMAS DE CONDUCTA EN EL AULA
¿A qué le llamamos problemas de conducta?
En todas las aulas hay un alumno que nos da problemas porque presenta
una o más de las siguientes conductas:
- Molesta a sus compañeros
burlándose de ellos o agrediéndolos física o verbalmente
- Tira las cosas de los demás
- Se roba las pertenencias de
los demás miembros del grupo
- Se para constantemente y no
obedece las indicaciones del maestro cuando se le pide que vuelva a su
lugar.
- Pasa por entre las filas pateando
las mochilas
- Habla mucho e interrumpe al
maestro y a los demás alumnos
En fin, la lista se volvería inmensa si plasmáramos todos los
testimonios de los cientos de docentes con quienes nos ha tocado trabajar este
tema. La pretensión de esta breve introducción es definir lo que se ha dado en
llamar problema de conducta.
Una primera definición nos permitirá tener un acercamiento inicial a la
conceptualización de este tema, por lo que vamos a puntualizar que se conoce
como problema de conducta a cualquier comportamiento que desde nuestro punto
de vista personal salga de lo esperado o de lo aceptable como “buena
conducta” o “conducta deseable”. Nótese el énfasis en la frase desde el punto
de vista personal.
¿Qué interpretación se le puede dar a esta definición por la ambigüedad
que reviste el hecho de que son apreciaciones personales?
Lo anterior implica que mientras para un maestro las conductas de
pararse constantemente y platicar resultan un “problema”, para otro maestro
sólo representa “inquietud”, nada fuera de lo esperado. Es decir: para
el maestro A el niño no tiene un problema de conducta, mientras que para
el maestro B sí lo tiene.
Si partimos de parámetros personales, aparecerán diversidad de esquemas
de lo que es una conducta problema, por lo que es importante llegar a un
acuerdo y revisar qué nos dicen los estándares más utilizados en todo el mundo.
La conducta indeseable en los niños no se genera de manera
espontánea, aislada o por razones desconocidas y misteriosas: se aprende,
se mantiene y en muchas ocasiones se incrementa como consecuencia de las
interacciones con la familia, el grupo escolar y otros actores que intervienen
en dichas manifestaciones. Indudablemente, hay una corresponsabilidad en el
hecho en cuestión, no se puede ni es justo, que la escuela quiera evadir la
responsabilidad que tiene regresando el problema a la familia y argumentando
que ellos originaron ese problema y por lo tanto deben buscar alternativas de
atención. Ver las cosas desde esa perspectiva simplista es una apuesta perdida.
Pasemos pues a la definición de los excesos conductuales:
1. 1. La
Hiperactividad / hiperquinesia
Es el primer nivel, y el menos complejo, de los problemas de conducta en
el aula; como lo indica el vocablo hiper es un exceso de movimiento,
generalmente ocasionado por las inadecuadas pautas de crianza, la falta
de límites y los modelos adultos permisivos que no han desarrollado la
socialización primaria y los hábitos básicos de vida social o grupal en el
niño. Se tiene evidencia de que el 1% de los casos de niños reportados
con hiperactividad o hiperquinesia están asociados a una pequeña disfunción
neurológica que ocasiona los excesos de conducta y movimiento. Tal disfunción
se relaciona generalmente con antecedentes perinatales patológicos como parto
prolongado, hipoxia neonatal o presencia de convulsiones por fiebre durante el
primer año de vida.
Nota:
Si no se tienen pruebas neurológicas avaladas por un especialista
certificado, se recomienda abstenerse de etiquetar al niño como enfermo o con
una patología como el “Trastorno por Déficit de Atención con hiperactividad”
(TDA+H), ya que eso solamente estigmatiza al niño y dificulta su aceptación e
integración al grupo escolar. Si se ha comprobado que tiene una disfunción debe
ser atendido, de no ser así ni mencionarlo. De cualquier forma: ¡ese niño ya es
tu alumno y estará en tu grupo los próximos 200 días hábiles!
En muchas escuelas es común que se ponga como pretexto de que el niño es
“hiperactivo” y se le deja de atender, la consecuencia lógica es que este chico
va a ser etiquetado y se va a ir fraguando el fracaso escolar en un futuro no
muy lejano.
La conducta
disruptiva
Es el segundo nivel, y todavía no tan complejo, de los problemas de
conducta en el aula, como lo indica el vocablo dis - rruptir, es un
exceso de actividad, “ a veces sí, a veces no” pero ya intencionado, sin llegar
a ser agresivo ni hostil; es el típico niño o niña como que hemos llamado
“PAQUITO”, ese “molestoso” que constantemente trata de llamar la atención,
busca la reprimenda o el reclamo para hacerse notar o afirmarse como parte de
un grupo.
La conducta disruptiva en sí misma no resulta grave, siempre y
cuando se intervenga a tiempo. El educador debe detectar al alumno que ya le
picó las costillas a otro, que pasa por el pasillo y da un manotazo al que está
sentado, patea la mochila cuando pasa junto a ella y luego dice “perdón
no fue mi intención”; es el chico que ocasiona las típicas quejas y reclamos en
el aula.
El problema se hace complejo cuando el maestro, al no intervenir y
remediar, deja que la conducta disruptiva crezca y genere respuestas hostiles
de los demás niños, que muy posiblemente terminarán en verdaderas interacciones
de golpes, sin faltar el que termina llorando, acusando a Paquito y dando la
queja a su mamá o papá. Es en ese momento cuando el problema comienza a
tomar mayores dimensiones, pero también es el momento de hacer algo
más que informar o quejarse con los padres. Si queremos que el problema no pase
a la siguiente categoría, sí, tal como los huracanes, es preciso diseñar una
técnica de intervención efectiva.
Recuerda, ¡ese niño ya es tu alumno por 200 días hábiles!
Ve pensando ¿que técnicas dominas para socializar problemas en el grupo
y tratar de intervenir?
El negativismo desafiante
Es el tercer nivel, y aquí empieza lo complejo de los problemas de
conducta en el aula. Como lo indican los vocablos negativismo y desafiante, se
llega a un punto en que el alumno reta a la autoridad, se niega a seguir
indicaciones y rechaza los intentos ─fallidos por cierto─ del docente por
imponer reglas y disciplina. Lo anterior ocasiona que la tolerancia y la
paciencia del maestro/a se agoten y la situación se vuelva inmanejable.
El negativismo desafiante tiene relación con conductas impositivas
y controladoras del adulto o el educador, quien al darse cuenta de que el
problema se ha agudizado y que el tal “PAQUITO” lo reta y no le obedece, se
engancha en una interesante “lucha de poderes”, de la que seguramente saldrá
vencido.
Para complicar la situación, el profesor recibe quejas de otros padres
de familia que empiezan a manifestar disgusto debido a que PAQUITO es hostil
grosero y/o desafiante con sus hijos, lo que pone en tela de juicio la
autoridad y la imagen del maestro, situación que genera molestia,
hostilidad, rechazo y probablemente castigos (fallidos) a PAQUITO. Esto lejos
de aminorar los episodios de mala conducta, los irá aumentando como una bola de
nieve hasta llegar a niveles más altos de esta escala de categorías de los
problemas de conducta según el estándar DSM IV.
En este punto, el elemento de rechazo grupal es una realidad, el
grupo excluye y rechaza a PAQUITO. Muchas veces el docente no se da cuenta de
que ése elemento grupal es el combustible perfecto para que explote un verdadero
y sin retorno, problema de conducta violenta, ¿cómo llegaron las cosas hasta
aquí? En agosto no estaban así, en septiembre… tampoco, entonces en este punto
cabría volver a hacernos la pregunta ¿es un problema del alumno o un problema
del maestro?
Un buen ejercicio de honestidad y de ética profesional sería
cuestionarnos si como docentes contamos con las herramientas de intervención
necesarias para hacer frente a este tipo de problemas.
La conducta
violenta
Es el cuarto nivel, y aquí empieza a aumentar la complejidad de los
problemas de conducta en el aula, se llega a este nivel donde el alumno
agrede, los otros le responden, las quejas aumentan y la paciencia del docente
se debilita. No se logran mejorías a pesar de los intentos (fallidos por
cierto) de hablar con los padres, mandarlos a terapia, exigirles la imposición
de reglas y obediencia o ejercer poder sobre el alumno, de haber intervenido en
un nivel anterior seguramente esto no sería tan difícil.
Cuando hay presencia de conducta violenta, el maestro o la maestra
se desesperan e intentan correctivos que en lugar de resolver sólo agudizan la
crisis. Frecuentemente, la única salida que encuentran es “expulsar” o elegantemente
“buscar otro servicio educativo al niño PAQUITO”.
Los intentos fallidos más frecuentes por solucionar los problemas de
conducta en el aula
§ La aniquilación
pasiva
Se refiere a una gama de actitudes descalificadoras, por parte del
educador o el grupo, que anulan al niño o marginan su participación,
algunas son: ignorarlo, exhibirlo frente a otros niños, mostrar sus
debilidades, compararlo con los niños que sí son buenos, no llevarlo a
alguna excursión , no permitirle usar la computadora, etcétera. Por
ejemplo, cuando llega la fiesta del día del niño, la maestra saca el pergamino
y le dice: ¡PAQUITO, TÚ NO VAS! Según la maestra, es un castigo por sus malas
conductas, sin embargo, Paco ya ni recuerda de qué se le acusa.
Puede no haber gritos o regaños, sin embargo, actitudes como
éstas atentan contra la imagen y la reputación del niño, son un verdadero golpe
bajo a su autoestima y una forma pasiva de aniquilarlo. Sin duda, es un intento
malogrado de eliminar la conducta indeseada.
§ El complot
Otra de las tácticas más comunes, no por eso menos fallida, para
“acabar” con las conductas problemas del niño es el complot. Es usual
que cuando el problema ha crecido y ni la maestra ni el psicólogo escolar, ni
siquiera los servicios de apoyo ( USAER) aplican técnicas o estrategias de
intervención, se comience a buscar otra forma de salir de la dificultad: la
expulsión del chico “incorregible”. Así, se intensifica el círculo vicioso de
agresividad, frustración, etiquetación y rechazo, tan difícil de romper.
Todos se ponen de acuerdo para obrar en contra del
alumno con conductas problema, se pone toda la atención en sus aspectos
negativos, se hacen reportes e informes para registrar los episodios y las
muestras de mala conducta, es decir, se junta la evidencia para “justificar” su
canalización a otra escuela : ¡eso es un complot!
Pueden involucrarse desde el maestro, los compañeros de grupo, otros
docentes, padres de familia del grupo y en casos extremos, el directivo y la
comunidad de padres de familia. No hay que olvidar que todos los
implicados son corresponsables de la situación que se vive en el aula; es un
problema de todos, no sólo de PAQUITO.
El complot puede resultar exitoso, mas eso no implica que el
conflicto se haya resuelto; el niño no recibió la ayuda que necesita, por lo
que es muy probable que el complot se repita en la nueva escuela.
Maestra/o piensa más y expulsa menos…
§ El síndrome del
niño pelota
parchada
Hay un cuadro repetitivo, el niño PAQUITO ha sido catalogado y
estigmatizado como agresivo, problema, violento, mal
alumno, etcétera, por lo que se le rechaza; a nadie le interesa intervenir
ni diseñar una estrategia para resolver el problema de las conductas indeseables
en el aula, el alumno queda a su suerte y como una pelota defectuosa a la que
se intenta reparar con un “mal parche”.
Se le arroja de una a otra y otra escuela esperando que lo cachen, sí,
como una pelota parchada que se bota para no comprometerse con la búsqueda de
soluciones creativas que ayuden a enfrentar las dificultades. ¿Se han puesto a
pensar a dónde irá Paquito cuando ya lleve 3, 4 ó 5 escuelas?
Muy probablemente engrosará las filas de la deserción escolar, de los
niños de la calle o de los delincuentes que en unos años te roben el auto. Todo
por no contar con una adecuada estrategia de intervención en el aula.
Algunas reflexiones pertinentes
Sería importante darnos cuenta de que las conductas indeseables de
ese niño a nuestro cargo durante unas horas diarias no son otra cosa que
mensajes que no logramos interpretar a tiempo, son gritos desesperados pidiendo
ayuda, piden intervención por parte de su maestro o maestra, demandan
compromiso con él, solidaridad con su situación, misma que seguramente es
adversa y frustrante, esa intervención en el caso idóneo debería ser
psico-pedagógica, pero si en el momento no se cuenta con esas competencias
metodológicas para intervenir, recurramos a la parte afectiva, hagámosle
llevadero el día escolar a ese niño, y busquemos el apoyo, o mejor aún,
capacitémonos para atender ese tipo de situaciones tan cotidianas en la
función docente; leer, informarse, investigar, colaborar, son tareas de un
profesor, el manejo de conductas problema no tendrían que ser la excepción las
conductas problema no tienen que ser el pase de expulsión para ese menor, y El
Círculo Mágico es una alternativa de intervención que de aprenderla y
manejarla, el maestro se sentirá menos desprotegido ante estas situaciones a
veces caóticas pero típicas en todo entorno educativo.
En el bloque tres de este libro se desarrolla a detalle el círculo
mágico y además se ofrecen otras alternativas de intervención que han
demostrado ser efectivas en el manejo asertivo de los problemas de conducta en
el aula.
Para finalizar este apartado queremos dejar las siguientes preguntas
para la reflexión:
1. Alguna vez he
pensado que la conducta indeseable de mi alumno lleva implícita una necesidad?
un mensaje de auxilio?
2. Sería posible que
yo no tomara la conducta problema como una afrenta del niño o de los niños a mi
persona?
3. Qué tácticas domino
para aplicar al niño o al grupo antes de pensar en cambiarlo de grupo, de
escuela o simplemente excluirlo de mi actividad?
LIBRO: Estrategias de Intervención para los problemas de conducta en el
aula. Frola y Velásquez. Editorial Frovel Educación. México 2011
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